12 sept 2010

Los diputados y su huelga de hambre

La huelga de hambre de los diputados Gutiérrez, Monsalve, Aguiló y Jiménez, quienes decidieron acompañar a los mapuches que ayunan hace dos meses, muestra por enésima vez que la línea entre lo noble y lo grotesco es muy delgada.
Tanto, que los cuatro diputados la traspasaron casi sin darse cuenta.
Los mapuches en huelga dejaron de comer para impedir que se les aplique la Ley Antiterrorista. Ellos sostienen que al esgrimirse esa ley se está criminalizando una protesta social y política; criminalizando el activismo.  
Por su parte, los diputados prometieron cumplir el derecho vigente y fueron elegidos para formar la voluntad común que conforma la base de la democracia. ¿Cómo justificar entonces que, si prometieron hacer la ley sólo con las armas de la deliberación, el debate y el voto; de pronto decidan sumirse en una huelga de hambre?
Si el uso de medios extraordinarios para influir en la voluntad política, desde la óptica de una huelga de hambre, puede admitirse de parte de ciudadanos indefensos que están persuadidos de la justicia de su posición, y en prueba de ello son capaces de arriesgar su vida; ello no es admisible para los legisladores, que cuando demandaron la confianza de los ciudadanos eligieron el intercambio de ideas para persuadir, y el voto para vencer.
Esos cuatro diputados tienen que recordar que quienes toman posesión de cargos públicos democráticamente elegidos no deben hacer uso de ciertos medios de presión. A los ciudadanos, en cambio, que ni llevan armas ni deliberan directamente en el Congreso, sí se les permite echar mano a la desobediencia, a la objeción de conciencia y a la huelga de hambre cuando se sienten maltratados injustamente por el derecho.