21 ago 2010

El nuevo lenguaje

El lenguaje es la piedra angular de la comunicación humana. Con él podemos expresar pensamientos y sentimientos que nos identifican como seres humanos. Posibilita, también, la reflexión; el intercambio de conceptos; la expresión de estados de ánimo; la socialización y el acceso a la cultura.

Y aunque se olvide gran parte de lo oído, de lo escrito y lo leído, lo importante es que a través del lenguaje –o, mejor aún, del manejo de este- se va formando el espíritu, la sustancia básica de la personalidad del individuo. Por eso el momento histórico que estamos viviendo -la llamada era de la globalización- implica un desafío mayor para toda la humanidad: incorporar una serie de nuevos símbolos y códigos propios de las nuevas tecnologías, sin perder ni la esencia ni la importancia que debería tener la palabra en la sociedad.

Los, a estas alturas, famosos 140 caracteres de Twitter son uno de los tantos ejemplos claros del detrimento que ha sufrido el lenguaje desde que nos acostumbramos a comunicarnos por ese medio –contra el que no tengo nada, ojo: de hecho, también participo de él-.

Hasta este giro –que nadie sabe a ciencia cierta cuándo ocurrió-, el lenguaje expresaba una identidad. A través de él uno podía colegir los modales de una persona; la profundidad de sus pensamientos; e incluso, sus sensibilidades según las palabras elegidas. En el mundo de la comunicación vía Internet en cambio, proliferan jergas, incorrecciones y extranjerismos, que reproducen una nueva sociedad: globalizada y de ciudadanos de mundo, en la cual cuesta incorporar emociones, sensibilidades e identidad. Numerosos estudios sociológicos demuestran que los individuos están hoy más comunicados que nunca, pero también más solos que nunca.

11 ago 2010

Isabel Allende y el Nacional de Literatura: historia de nunca acabar

Hace unos días la escritora chilena Isabel Allende, en el marco de la ''Fiesta de la Literatura Internacional en Paraty'',  dio una conferencia de prensa en la que defendió su condición de autora de best-sellers, y criticó que en su país parezca que "vender libros es pecado". Y fue más lejos, diciendo que  son "las calles" las que desean su victoria y que "eso es lo que importa".


Verán, fue este arranque absolutamente carente de modestia por parte de la creadora de ''La casa de los espíritus'' el que me motivó a redactar estas líneas: 


De verdad quisiera ser un poco más tolerante, pero no veo aún el porqué debería ser motivo de vergüenza para el país no otorgarle el tan mentado galardón a Isabel Allende. Ella no necesita del prestigio que le otorgaría recibir el Premio Nacional para seguir vendiendo libros -lo único que parece interesarle según se desprende de sus palabras-, lo otro en lo que pienso es bastante más triste: que el Premio Nacional necesite de los libros vendidos por Isabel Allende para validarse como reconocimiento. Porque ésa es la única razón que -al menos yo puedo vislumbrar- para que éste recaiga en ella.


Premiar a un autor ''porque vende libros'' es una actitud miope que genera anticuerpos en los lectores que compran, no por la imposición del mercado; sino por el simple placer de la lectura. 


No se puede adorar o endiosar a un autor sólo por su éxito, debe existir 'algo' detrás. En las enormes ansias de premiar a los que venden mucho se esconden el miedo a equivocarse, a usar un criterio propio, a ejercer el discernimiento crítico. Decir yo creo, yo pienso, yo leo, eso para algunos es autoritario y para otros, subversivo. Simplemente peligroso. Riesgoso. Pero más riesgoso aún es, por querer vender, ser insustancial, decir lo ya dicho mil veces sin reparar en las paradojas, en las sorpresas y en los conflictos que la lectura propia e independiente de los textos depara. En eso cae -en mi humilde opinión- la creadora de ''Paula''.


Para terminar, quiero pedirle a Isabel Allende que se detenga a pensar un minuto en lo siguiente: ¿habrán leído a sus competidores ''las calles''?